jueves, 7 de mayo de 2015

Amenaza Enrique Alfaro al periódico La Jornada Jalisco; solidaridad con los periodistas de ese medio

Peligro: Candidatos que cautivan masas resultan profundamente intolerantes


Guadalajara, Jalisco.

Hay en el país una ola supuestamente democrática y “renovadora” de debe ponernos a pensar muy seriamente sobre el futuro de la sociedad que queremos.
Se trata de los candidatos con discurso populista, que llenan plazas y atraen multitudes, ofreciendo el paraíso en la tierra. El primer gran demagogo con ese discurso en los últimos años, fue López Obrador y quizá un poco de populismo hubo desde Cuauhtémoc Cárdenas en 1988.
Pero quienes en esta campaña han aprovechado esa historial y ese discurso que ya le gusta a los mexicanos, el de “primero los pobres”, “la mafia del poder” y otras linduras, han sido candidatos como Enrique Alfaro, el aspirante a la alcaldía de Guadalajara por el partido Movimiento Ciudadano.
Este personaje, mantiene una campaña sostenida en marketing político puro, que lo presenta como un nuevo prototipo, salvador de los habitantes de la capital tapatía, honesto y diferente al resto de los políticos.
Pero la realidad es distinta. Además ser igual de corruptos o peor, estos ciudadanos que navegan con bandera de honestos, son mucho muy intolerantes. La prueba se publica hoy en el diario La Jornada de Jalisco: el periódico denuncia amenazas porque ha publicado información que al señor Enrique Alfaro no le gusta, como el deslinde que hizo Andrés Manuel López Obrador, quien ya descubrió que el ex priista es otro farsante. Y entre farsantes la competencia por los votos es muy dura.
Este es el editorial de La Jornada donde denuncia la represión y la intolerancia del candidato a presidente municipal de Guadalajara, un político “antipolítico” que ha hecho carrera por cargos públicos a partir de una imagen bien vendida, sobre todo en redes sociales.

Editorial
07 de mayo del 2015.-
En los últimos meses, pero destacadamente en las últimas dos semanas, el candidato de la derecha a la alcaldía de Guadalajara, Enrique Alfaro Ramírez, ha desatado una campaña de odio en contra de La Jornada Jalisco utilizando las redes sociales, personeros oficiales y oficiosos y, lo más grave, en los últimos dos días, con llamadas anónimas al teléfono del director de esta casa editorial con amenazas a su integridad física. La dirección de La Jornada Jalisco responsabiliza a Enrique Alfaro Ramírez y a su jefe de escoltas, Alejandro Muñoz Ochoa, de cualquier ataque o agresión que pueda sufrir el director o cualquiera de sus colaboradores.

Encandilado por su campaña a la alcaldía de Guadalajara, Alfaro Ramírez no resiste la crítica y se muestra intolerante ante cualquier publicación que cuestione su actividad pública; para él, cualquier crítica es motivo de denostación y de acusaciones –sin pruebas- de corrupción. En Guadalajara nadie puede criticar al candidato de la derecha, el que lo haga inmediatamente es acusado de estar vendido o al servicio del gobierno del estado. Su intolerancia lo revela tal cual es y su soberbia le impide ver la viga que tiene enfrente. Seguramente cuando acusa de guerra sucia es porque él sabe perfectamente cómo se hace la guerra sucia y cómo se desatan las campañas de odio, como la que ha iniciado contra La Jornada Jalisco.

Durante el desarrollo de la pasada Feria Internacional del Libro hasta panfletos y libelos se mandaron imprimir contra este diario. ¿Quién los financió? ¿Quién ordenó su distribución? La Jornada Jalisco ha publicado, incluso con entrevistas hechas al propio Alfaro Ramírez, información de sus nexos con el ultraconservador panista Emilio González Márquez en el proceso electoral de 2012; de las negociaciones paralelas – aceptadas por él mismo- que tuvo con el entonces candidato del PRI a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, así como con Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray Caso, quienes le ofrecieron la candidatura al Senado de la República; y de su doble juego con el también candidato de la izquierda al Ejecutivo federal, Andrés Manuel López Obrador. Ninguna de nuestras notas informativas ni columnas ni entrevistas han sido desmentidas ni por Alfaro Ramírez ni por el grupo que lo sigue. Sólo la diatriba, la denostación y ahora la amenaza han sido las respuestas.

Cuando realizó una gira por Jalisco hace unas semanas, Andrés Manuel López Obrador se deslindó de Alfaro Ramírez; así lo publicamos en este periódico porque, en uso de la plena libertad de expresión, lo consideramos pertinente; el candidato de la derecha y sus seguidores nos denostaron, usaron las redes sociales también para acusarnos de “vendidos”. La diatriba, la denostación y la campaña de odio a todo lo que da.

La Jornada Jalisco entrevistó al candidato del PRI a la alcaldía de Guadalajara, Ricardo Villanueva; también en estricto ejercicio de la libertad de expresión preguntó lo que quiso y el priísta respondió lo que quiso -como lo hacen todos los políticos-. Así se publicó. Para Alfaro Ramírez y sus feligreses fue una nota vendida, pagada. Y así lo acusaron sin pruebas, sin ningún argumento. Sólo la intolerancia por delante, poniendo en riesgo la integridad del reportero que firmó la nota y la de los directivos de este diario. Seguramente cuando el candidato de la derecha acusa de tanto dinero en los medios es porque él y quienes lo patrocinan saben cuánto ha costado fabricar su supuesto liderazgo político en tan sólo tres años.

Enrique Alfaro Ramírez sabe quién lo patrocina hoy, quién lo financió en la campaña de 2012 y quién lo auspició en el pleito político que como alcalde de Tlajomulco protagonizó con Raúl Padilla López. Sin empacho así lo contaba aquel año, cuando pedía -con tono amenazante, por cierto- que se le apoyara para publicar que vencería al priísta Aristóteles Sandoval Díaz en la contienda por el Ejecutivo estatal.

El lunes pasado La Jornada Jalisco publicó una nota informativa sobre los antecedentes de Alejandro Muñoz Ochoa. Para sustentar nuestra información, al día siguiente publicamos la ficha con su diagnóstico, que incluía presuntos nexos con grupos de narcomenudistas en Guadalajara, así como su participación en extorsiones, levantones y abusos de autoridad. En ese mismo documento se habla de las quejas que ante Derechos Humanos se han presentado contra el mencionado jefe de escoltas. El expediente consta en el Centro de Evaluación y Confianza estatal y por ley fue turnado al Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el que participa el Centro de Investigación y Seguridad Nacional.

Alfaro Ramírez y sus seguidores no han dado puntual respuesta a este caso; en cambio, valiéndose de las redes sociales, de sus voceros oficiosos y de las amenazas anónimas, han descalificado la información. Intolerante, no se atreve a mirar hacia adentro; no resiste la crítica ni soporta la libertad de expresión. En cambio, desató una campaña de odio en contra de La Jornada Jalisco.

Por todo lo anterior, la dirección de este periódico ha decidido suspender la cobertura que hasta ahora ha hecho de las actividades proselitistas de Alfaro Ramírez. Apelamos a la visión crítica de los lectores, pues en justicia, La Jornada Jalisco no considera pertinente seguir dándole espacio a alguien que usa otros medios para denostarlo y amenazarlo.

Por cierto, ¿dónde cobraba 23 mil pesos mensuales el jefe de escoltas del candidato de la derecha, con el número de empleado 5381?

El texto se puede consultar en http://lajornadajalisco.com.mx/2015/05/editorial/

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